Ortognática a Medida


La cirugía ortognática consiste en el movimiento óseo de las zonas maxilares y mandibulares, a través de este procedimiento quirúrgico podemos corregir defectos craneo-maxilofaciales y dentales. De esta forma, conseguimos la armonía de los rasgos faciales del paciente. Debido a que estos problemas aparecen durante la fase del crecimiento de cada individuo, finalmente se asientan cuando termina ésta y pueden causar diversos problemas como apnea del sueño, trastornos de la articulación temporomandibular (ATM), falta de equilibrio facial estético o maloclusión, entre algunos.

Osteophoenix fabrica las placas para ortognática a medida en titanio, además de las guías quirúrgicas necesarias para realizar estos tratamientos. Nuestro equipo de diseño trabaja junto con el especialista maxilofacial para que el dispositivo cubra las necesidades del paciente de forma precisa y eficiente.

Reconstrucción Ortognática

Soluciones de cirugía ortognática

Este tratamiento debe ser realizado por un médico especializado en cirugía oral y maxilofacial. Existen tres tipos:

Cirugía ortognática maxilar

Este procedimiento debe llevarse a cabo para reposicionar el maxilar en el sitio adecuado de tal manera que podamos recuperar la funcionalidad del hueso, que tiene un rol muy importante en la respiración, masticación y habla. Además, permite establecer la armonía entre las diferentes partes faciales cuando nos encontramos con diferentes tipos de defectos como la mordida abierta, sonrisa gingival, hipoplasia maxilar, asimetría facial o clase III.

Cirugía ortognática mandibular

El tratamiento más común es el avance mandibular. Esta se lleva a cabo cuando el paciente es clase II, es decir, tiene una mandíbula pequeña y retraída respecto al maxilar. En estos casos, debemos restaurar la armonía facial inferior. En algunos casos, es incluso necesario, ya que este defecto puede causar apnea del sueño.

Cirugía ortognática maxilomandibular o bimaxilar

En estos casos, debemos llevar a cabo un tratamiento quirúrgico que implica tanto el maxilar como la mandíbula, para así conseguir un equilibrio armónico facial y una oclusión adecuada. Por medio de este procedimiento se tratan deformaciones de clase II, clase III o mordida abierta, entre otras y, cuando no es suficiente únicamente uno de los tratamiento anteriores.